Cuidar para educar: Nuestro espacio de bienestar emocional
- Comparte una experiencia personal: Cuéntanos sobre un momento en el que el apoyo emocional marcó la diferencia para un estudiante.
- Aporta una estrategia de autocuidado: Como docentes, nuestro bienestar es crucial. ¿Qué haces tú para recargar energías y evitar el desgaste?
- Publica un recurso valioso: Un libro, un documental o un artículo que te haya ayudado a comprender mejor la inteligencia emocional.
- Plantea una pregunta abierta: Abramos el diálogo sobre los desafíos emocionales que compartimos en nuestra profesión.
- Un aula donde se permite la vulnerabilidad (equivocarse, no saber, pedir ayuda) es un aula donde se fomenta el aprendizaje real.
- El coraje para tener conversaciones difíciles, tanto con estudiantes como con colegas, es una habilidad que se aprende y se practica.
- Nuestra propia inteligencia emocional se fortalece cuando somos capaces de reconocer y aceptar nuestras propias emociones.
- Autoconciencia emocional
- Autorregulación emocional
- Motivación
- Empatía
- Habilidades sociales
- Después de ver a Brené Brown, ¿qué significa para ti "ser un educador valiente" en tu contexto escolar?
- Del libro de Goleman, ¿cuál de los cinco pilares consideras que es más urgente desarrollar en el sistema educativo actual?
- ¿Conocen algún otro recurso (podcast, documental, artículo) que les haya impactado profundamente sobre este tema?
Educar desde lo humano: Bienestar emocional en tiempos de incertidumbre
Elaborado por: QFB. Miguel Tito García Arias
¡Hola, comunidad!
Hablar de bienestar emocional en el aula ya no es un lujo pedagógico, sino una necesidad urgente. Sobre todo en niveles universitarios y medios superiores, donde los estudiantes enfrentan presiones académicas, personales y un contexto lleno de incertidumbre. Como docentes, nuestras clases pueden convertirse en espacios donde se viven y gestionan emociones, no solo en donde se transmiten contenidos.
Hoy comparto dos recursos sólidos, bien fundamentados y accesibles, que pueden transformar la forma en que entendemos y trabajamos el bienestar emocional en el aula.
Para ver y sentir: Daniel J. Siegel – “El poder del cerebro adolescente” (TEDx)
En su charla TEDx “The power and purpose of the teenage brain” (en YouTube), el psiquiatra Daniel Siegel explora cómo el cerebro adolescente se está remodelando constantemente, y cómo esto influye en el comportamiento, la toma de riesgos y las relaciones emocionales
Puntos destacados como docente:
La adolescencia y juventud son etapas de alta plasticidad cerebral, no problema.
Introduce el concepto mindsight: la capacidad de observar la propia mente y la de otros, fundamental para empatía y autoregulación.
Propone que reconociendo la base biológica de las emociones, podemos apoyar mejor a los estudiantes en lugar de castigarlos por “comportamientos típicos de adolescentes”.
Aplicación en el aula:
Iniciar clases con preguntas para fomentar la introspección: “¿Qué emoción me trae a esta clase hoy?”
Proponer ejercicios breves de autoobservación emocional al final de la sesión.
Recurso: TEDx. (2013). The power and purpose of the teenage brain. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=kHZzhKyBW-I
Para leer y aplicar: Educación emocional y competencias básicas para la vida – Rafael Bisquerra
Este documento (disponible en PDF) resume el modelo de Bisquerra, quien define la educación emocional como un proceso continuo para desarrollar competencias como autoconciencia, autorregulación, empatía e inteligencia interpersonal
Aspectos clave:
Incluye un marco de trabajo práctico: ruedas emocionales, diarios afectivos, técnicas de respiración.
Señala que no basta enseñar: es necesario evaluar programas y formar al profesorado.
Define la prevención emocional: un aula emocionalmente saludable puede prevenir conductas problemáticas.
Aplicación en clase:
Proponer “mini diarios emocionales” semanales: cinco minutos donde escriben qué emoción predominó y cómo la gestionaron.
Implementar mini círculos de expresión al iniciar una unidad nueva: compartir expectativas y temores.
Recurso: Bisquerra Alzina, R. (2003). Educación emocional y competencias básicas para la vida [PDF]. Universidad de Barcelona. Recuperado de https://congresointeligenciaemocional.com/wp-content/uploads/2018/12/Bisquerra_R_Educacion-emocional-y-competencias-2003.pdf
Me encantaría saber de ti:
¿Qué técnica emocional te ha funcionado en tu contexto?
¿Cómo integras la autoconciencia emocional al inicio o cierre de tu clase?
¿Conoces otro recurso (video, libro, artículo) que quieras compartir o discutir?
Seguimos construyendo este ecosistema de aprendizaje vivo, donde el cuidado emocional es también aprendizaje. Gracias por tu lectura y tus aportes.
Bienestar emocional en el aula de contabilidad: colaboración, empatía y aprendizaje desde lo humano
Elaborado por: LAET. Elva Vivar Plascencia
¡Hola, comunidad!
Quisiera compartir una experiencia que me ha hecho comprender que en la formación profesional, más allá de las cifras y fórmulas, es esencial desarrollar habilidades socioemocionales, que permitan a nuestros estudiantes crecer como personas y como futuros profesionales.
Trabajo con alumnos de Bachillerato en el área de Contabilidad, y muchas veces asumimos que esta disciplina se centra exclusivamente en cálculos y normativas. Sin embargo, en mis clases he priorizado también el trabajo colaborativo, la empatía y la comunicación asertiva, ya que son competencias clave para el desempeño profesional y el bienestar emocional de los estudiantes.
La clase como un espacio seguro para aprender a convivir
Una de las estrategias que implementé fue organizar equipos donde cada estudiante tenía un rol asignado (coordinador, analista, expositor, relator). Antes de abordar los contenidos, dedicábamos unos minutos a reflexionar sobre la importancia de escuchar activamente, respetar las ideas de los demás y reconocer el esfuerzo propio y ajeno.
Lo más valioso fue observar cómo alumnos que inicialmente eran muy reservados comenzaron a participar con mayor seguridad, apoyados por sus compañeros en un entorno de respeto y confianza. Fomentar el diálogo constante no solo mejoró la calidad de sus proyectos, sino que también fortaleció su sentido de pertenencia y colaboración.
Aprender a ser empáticos, incluso con los errores
Otra práctica que resultó significativa fue la retroalimentación en grupo. En lugar de señalar errores de manera individual y privada, promoví sesiones donde todos podían aportar soluciones de forma respetuosa y constructiva. Esta dinámica permitió que los estudiantes desarrollaran la empatía, comprendiendo que equivocarse es parte del proceso de aprendizaje, y que ayudar a un compañero también es aprender.
Reflexión personal: cuidar para educar
Esta experiencia me ha reafirmado que el bienestar emocional de los estudiantes no es un tema secundario, sino la base sobre la cual se construyen aprendizajes significativos y duraderos. Una clase de contabilidad puede ser también un espacio donde se aprende a convivir, a gestionar emociones y a trabajar en equipo con respeto y sensibilidad.
Abro la conversación con ustedes:
* ¿Qué actividades han implementado para desarrollar habilidades socioemocionales en sus asignaturas técnicas?
* ¿Cómo promueven la empatía y el trabajo colaborativo en sus clases?
* ¿Qué estrategias de autocuidado personal practican para mantener un clima emocional positivo en el aula?
Creo firmemente que educar desde lo humano es la clave para formar profesionales más conscientes y comprometidos. Me encantaría conocer sus experiencias y recursos en este espacio de bienestar emocional.
“Cuidar sin romperte: el bienestar emocional como competencia profesional”
Autor: Licenciado en Enfermería: Cuauhtemoc Gutierrez Cruz
Como formadores en salud, nos preocupamos por la empatía, la técnica, el conocimiento... pero pocas veces nos detenemos a enseñar cómo no quebrarse mientras se cuida a otros.
Hace poco, una estudiante en prácticas clínicas me dijo:
¿Dónde está el espacio seguro para que los futuros profesionales hablen de sus emociones sin sentirse débiles?
Desde entonces, he incorporado pausas de bienestar emocional en clase. A veces basta con preguntar:
¿Cómo llegas hoy?
¿Qué te preocupa más allá del examen?
¿Qué necesitas para estar bien esta semana?
He visto cómo estas simples preguntas transforman el aula en un lugar de contención y no solo de instrucción. Porque sí: la salud emocional también se enseña, se modela y se practica.
Algunas estrategias que me han funcionado:
Bitácoras de autocuidado donde reflexionan sobre su semana.
Espacios de descarga emocional después de prácticas clínicas difíciles.
Uso de herramientas como Wooclap o Miro para representar emociones sin necesidad de hablar (útil con grupos cerrados o cansados).
Dinámicas breves como “semáforo emocional” al inicio de clase.
Y lo más importante: validar sus emociones sin romantizarlas, pero sin reprimirlas. Ser fuerte no es no sentir; es saber qué hacer con lo que se siente.
Te dejo un texto poderoso: "Neff, K. (2021). Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself."
Porque enseñar con compasión empieza por aplicarla con uno mismo.
Mi pregunta para la comunidad:
¿Qué hacemos como docentes para formar profesionales que no se olviden de sí mismos mientras cuidan de otros?
10 minutos para mí: pausas que sanan en la jornada educativa
Por Yazmín Chino Morales, orientadora educativa
En el acompañamiento educativo, muchas veces somos quienes contenemos, quienes escuchamos, quienes tendemos puentes en medio del caos emocional. No siempre estamos frente a grupo, pero sí estamos ahí cuando alguien lo necesita: el estudiante que no encuentra rumbo, el tutor que ya se siente desbordado, la docente que carga más de lo que dice.
Y aunque nuestro rol es profundamente humano, a veces olvidamos que también nosotros necesitamos un espacio donde soltar. Donde no dar respuestas, donde simplemente respirar.
No fue fácil para mí asumir que tenía derecho a cuidarme. Como muchas personas que trabajamos en orientación o docencia, mi impulso de ayudar me llevaba a postergarme una y otra vez. Pero con el tiempo, comprendí algo fundamental: mi bienestar no es un lujo, es parte de mi responsabilidad profesional.
Mis rituales de autocuidado (no siempre cumplo, pero que me sostienen):
Poner límites a los horarios extendidos: no todo es urgente. A veces, ese correo puede esperar hasta mañana.
Una caminata sin objetivos: sin podcast, sin llamadas. Sólo caminar y sentir que mi cuerpo también importa.
Escribirme una carta breve cuando me siento sobrepasada: una especie de recordatorio interno de lo que sí he hecho bien.
Desconectarme emocionalmente del trabajo, aunque sea por un rato: darme permiso de ver una serie absurda sin sentir culpa.
Cuidarme no me hace menos empática. Me hace más lúcida, más presente, más humana.
Comparto esto porque sé que muchas y muchos de nosotros trabajamos desde el compromiso genuino. Pero incluso la brújula más noble necesita orientación de vez en cuando.
Y a ti, ¿qué te ayuda a reconectar contigo después de una semana intensa? ¿Qué gesto te recuerda que también mereces cuidado?
Bienestar emocional en la educación superior: hacia una educación que promueva el florecimiento
Por: QFB. Miguel Tito García Arias
El artículo “Students’ wellbeing in positive higher education: conceptual frameworks and influencing factors” de Hongyu Li (2025), publicado en Frontiers in Education, presenta una revisión narrativa del estado actual de la investigación sobre el bienestar estudiantil desde una perspectiva positiva. El texto parte de una premisa crucial: los entornos educativos tradicionales suelen enfocarse en el rendimiento académico y la remediación de problemas emocionales, pero rara vez promueven activamente el florecimiento humano.
Li estructura su revisión alrededor de tres grandes marcos conceptuales:
El modelo PERMA de Martin Seligman (Positive Emotion, Engagement, Relationships, Meaning, Accomplishment), el cual permite evaluar y fomentar el bienestar subjetivo dentro del contexto educativo.
La teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan que enfatiza la importancia de tres necesidades psicológicas básicas (autonomía, competencia y relación) para el desarrollo pleno de los estudiantes.
La educación positiva, que combina la educación académica con la enseñanza de habilidades para la vida y el bienestar emocional, no como un extracurricular, sino un componente central del currículo.
Además, el artículo identifica factores que influyen en el bienestar de los estudiantes universitarios, desde el clima institucional, la carga académica y las relaciones sociales, hasta el diseño curricular y la calidad de la retroalimentación docente. En este sentido, Li argumenta que las instituciones de educación superior tienen la responsabilidad de integrar el bienestar en todos los niveles de su estructura: desde los planes de estudio hasta las políticas administrativas y el acompañamiento psicológico.
Finalmente, se destacan estrategias prácticas, como el aprendizaje basado en fortalezas, programas de tutoría entre pares, actividades extracurriculares con sentido, y la promoción del sentido de propósito. Todo ello apoyado por evidencia empírica reciente, lo que convierte esta revisión en una herramienta valiosa tanto para docentes como para diseñadores de programas educativos.
Para finalizar
Esta lectura nos invita a pensar más allá del logro académico. Nos recuerda que el bienestar no es un lujo, sino un prerrequisito para aprender, y que todos los actores educativos (docentes, coordinadores, asesores) podemos contribuir a su construcción. En un contexto universitario donde el estrés y la desmotivación aumentan, ¿por qué no apostar por prácticas que desarrollen la autonomía, el compromiso y la conexión emocional con el aprendizaje?
Pregunta abierta para la comunidad
¿Qué acciones concretas podrías implementar en tu aula o institución para que tus estudiantes no solo aprendan, sino también se sientan emocionalmente apoyados y motivados?
La música clásica en ambientes universitarios para el aprendizaje
Autor:Citlali Gárate Espinosa
¿Y si hacemos nuestros ambientes agradables?
La música clásica puede ser una herramienta valiosa en ambientes universitarios para mejorar el aprendizaje y el rendimiento académico, ya que ayuda a reducir el estrés y la tensión, estimula la concentración y puede potenciar habilidades cognitivas.
Beneficios de la música clásica en el aprendizaje:
Reducción del estrés y la ansiedad:
La música clásica, con su naturaleza serena y relajante, puede ayudar a disminuir los niveles de estrés y tensión, factores que pueden obstaculizar el rendimiento académico.
Mejora de la concentración y la atención:
Se ha observado que la música clásica puede facilitar la concentración y la atención, lo que resulta beneficioso para tareas académicas que requieren enfoque.
Potenciación de habilidades cognitivas:
Algunos estudios sugieren que la exposición a la música clásica, especialmente piezas de compositores como Mozart, puede mejorar habilidades como el razonamiento espacial y la memoria.
Desarrollo de habilidades lingüísticas:
La música clásica puede contribuir al desarrollo de habilidades lingüísticas, como la adquisición de vocabulario y la mejora de la pronunciación, al estimular la actividad cerebral relacionada con el lenguaje.
Creación de un ambiente propicio para el estudio:
La música clásica, al ser menos invasiva que otros géneros, puede ayudar a crear un ambiente tranquilo y propicio para el estudio, sin generar distracciones.
Consideraciones:
Individualidad:
La respuesta a la música clásica puede variar entre individuos, por lo que es importante que cada estudiante encuentre el tipo de música y el volumen que mejor se adapte a sus necesidades y preferencias.
Tipos de música:
Se recomienda optar por música instrumental, evitando piezas con letra que puedan distraer la atención del estudiante.
Volumen:
Es importante mantener un volumen moderado para evitar que la música se convierta en una distracción.
Contexto:
La música clásica puede ser más efectiva cuando se utiliza de manera estratégica, por ejemplo, durante la lectura o la resolución de problemas, en lugar de durante todo el tiempo de estudio.
En resumen, la música clásica puede ser una herramienta valiosa para mejorar el aprendizaje en ambientes universitarios, siempre y cuando se utilice de manera consciente y estratégica.
CUANDO SER FUERTE CANSA: ¿CÓMO NOS SOSTENEMOS ENTRE COLEGAS?
Por Yazmín Chino Morales, orientadora educativa
Hace poco participé con una charla en un Taller de Ciencia para Profesores del Instituto de Geociencias de la UNAM, en dicha charla se abrió un espacio para hablar sobre la salud mental de los docentes, una profesora compartió:
"A veces me siento como una repisa: todos colocan cosas sobre mí, y yo no puedo desarmarme porque se vendría todo abajo."
Esa frase me hizo pensar en cómo muchas personas que trabajamos en educación (ya sea frente a grupo o en roles de acompañamiento) aprendimos a ser “fuertes” como parte del paquete profesional. A estar disponibles, a resolver rápido, a dar ánimo incluso cuando nosotros lo necesitamos.
Y sí, es cierto que amamos lo que hacemos. Pero el compromiso emocional no debería confundirse con autosacrificio.
Desde la orientación educativa he visto cómo el desgaste emocional se normaliza. ¿Cuántas veces decimos “estoy bien” sólo para no preocupar a los demás? ¿Cuántas veces sostenemos espacios para otros sin tener uno para nosotras/os?
Algunas preguntas me comenzaron a rondar por la mente:
¿Dónde nos damos permiso de expresar nuestra vulnerabilidad en el ámbito educativo?
¿Qué pasaría si en vez de reuniones técnicas comenzamos con un chequeo emocional real?
¿Podríamos incluir prácticas de contención y autocuidado como parte formal de los espacios entre colegas?
Estas preguntas no tienen respuestas fáciles, pero son necesarias. Y abrirlas puede ser ya un acto de cuidado colectivo.
Porque no estamos hechas/os de piedra. Somos tejido humano. Y el tejido necesita hacer red para no deshilacharse.
Y tú ¿En qué momento has sentido que ser fuerte te costó más de lo que esperabas? ¿Qué espacios te sostienen en los días largos?
Palabras que florecen: B mi alumno, estelar.
Por: Sonia Contreras Cruz
A veces, sin darnos cuenta, una sola palabra puede cambiar una historia.
Corría el año 2019 cuando llegué a una nueva escuela primaria. Era finales de febrero y me asignaron un grupo de segundo grado con 22 alumnos. Uno de ellos, B, de apenas 6 años y 7 meses, llamó mi atención desde el primer día. Era inquieto, siempre tenía las manos ocupadas: recortando, dibujando, escribiendo, hablando con uno y otro. Su mamá me compartió que, en primer grado, el profesor le había pedido que estuviera dentro del aula junto a su hijo porque no obedecía ni concluía sus actividades. Solo así lograba mantenerse enfocado… al menos por un tiempo.
Pero yo veía otra cosa. En B reconocí una mente curiosa, un alma empática y amistosa. Sí, tenía pocos hábitos de estudio y muchos pendientes, pero también escuchaba, participaba y quería aprender. No era fácil seguirle el paso, pero decidí observarlo, escuchar sus razones, y acompañarlo con paciencia. Durante ese ciclo, trabaje con muchas fábulas, ellos mismos se identificaban con algún personaje, hubo mucho diálogo y actividades de artes plásticas. Esto favoreció mucho a B.
Un día, al final de la clase, me pidió ayudarme a borrar el pizarrón. Justo ese día B había terminado una actividad completa. Se lo reconocí con alegría, le señalé su logro. Mientras él limpiaba el pizarrón, me dijo convencido: “Mañana traigo la tarea, está bien fácil.”
Minutos después, su hermano mayor pasó por él. Me preguntó si B había trabajado. Le respondí sin dudar:
Considero que ese día, esas palabras —aparentemente simples— fueron cruciales en la vida de B, fueron semillas. B empezó a quedarse después de clase solo para platicar, para sentirse acompañado. Traía más tareas, su letra mejoró, se organizaba mejor, participaba en eventos escolares, incluso bailó por primera vez, desde el preescolar, donde sólo se quedaba parado sin hacer nada. Su actitud cambió. Su confianza, también.
Los años pasaron y B siguió avanzando. Entró a la Telesecundaria de su comunidad. En su primera boleta, obtuvo calificaciones sobresalientes. Él y su mamá vinieron a mostrármela con orgullo. B, me abrazó y dijo simplemente: “Gracias.” Al igual que su mamá.
Su mamá me comentó en ese momento, que ahora su inquietud es pertenecer a la Escolta, le dije: ¡Claro que es posible! ¡Ya sabes el camino B!
Al ingresar a la secundaria entró a la Banda de Guerra y en el siguiente ciclo, lo nombraron comandante. Me enviaron un video donde lo vi presentarse con seguridad y voz firme ante decenas de personas, al ver ese video, fue tanta mi emoción, que mis lágrimas brotaron de alegría, al ver a ese joven transformado en un joven seguro, talentoso y ver los logros que hasta el momento había alcanzado.
En junio de este año, recibo nuevamente la visita de B y su mamá, para darme la gran noticia de que fue seleccionado para la Escolta, nos abrazamos de alegría y exprese mis felicitaciones a ambos. Unos días después me avisaron que B es el abanderado.
Por supuesto que asistí a su toma de protesta. Para mi grata sorpresa, después de la ceremonia se integró a la banda de guerra y más tarde participó en dos bailables. ¡Se le veía feliz y pleno!"
Ahora ya está pensando en qué Universidad quiere entrar cuando acabe la secundaria.
Verlo brillar es uno de esos regalos que la docencia te da sin avisar, pero que se queda para siempre.
Reflexión final: El poder de nuestras palabras
Ser docente no solo implica enseñar contenidos. También es sembrar confianza, acompañar procesos y ofrecer miradas nuevas a quienes están aprendiendo a mirar el mundo… y a sí mismos. Cada palabra que decimos puede construir o derrumbar, sanar o herir, abrir caminos o cerrarlos.
A veces, basta con que alguien nos diga “yo creo en ti” para que uno comience a creerlo también.
Los logros de B no fueron obra de la casualidad. Fueron el resultado de una relación pedagógica basada en el respeto, la escucha y la esperanza. Su historia es un recordatorio poderoso de que el bienestar emocional no es un añadido al aprendizaje: es su base más sólida.
No subestimemos jamás el valor de una palabra dicha con amor, ni el poder que tenemos como docentes para cambiar destinos. Porque cuando educamos desde el corazón… florecen los alumnos, y también nosotros.
"El Legado de Fred Rogers: Aprendiendo de 'Won't You Be My Neighbor?' en el Aula”
Por: Lic. Rodríguez García Carlos Gustavo.
Introducción:
En la búsqueda del bienestar emocional dentro de la educación, el documental "Won't You Be My Neighbor?”, ofrece una profunda reflexión sobre la empatía, la conexión y la importancia de construir comunidades solidarias. A través de la vida y obra de Fred Rogers, este documental nos invita a explorar cómo los principios que él defendió pueden ser aplicados en nuestras aulas para fomentar un ambiente de aprendizaje más inclusivo y emocionalmente inteligente.
El Mensaje Central del Documental:
"Won't You Be My Neighbor?" nos muestra cómo Fred Rogers dedicó su vida a conectar con los niños a un nivel emocional profundo. A lo largo de su carrera, enseñó lecciones sobre la aceptación, la comprensión y el amor incondicional. Estos conceptos no solo son esenciales para la infancia, sino que también son cruciales para el desarrollo emocional de los educadores y estudiantes.
Temas Clave del Documental:
Empatía en Acción:
Fred Rogers usó su plataforma para abordar temas complejos como la ansiedad, la tristeza y la diversidad. Enseñó que está bien sentir y expresar emociones, algo que podemos incorporar en nuestras aulas al fomentar un espacio donde los estudiantes se sientan seguros para compartir sus sentimientos.
La Importancia de la Conexión:
El programa de Fred enfatiza que cada niño es especial y digno de amor. Como educadores, es fundamental recordar que al crear conexiones significativas con nuestros estudiantes, les proporcionamos un sentido de pertenencia y apoyo emocional.
Construcción de Comunidades:
Fred Rogers promovió la idea de que todos somos parte de una comunidad más grande. En el aula, esto se traduce en cultivar un entorno en el que los estudiantes no solo se vean a sí mismos, sino también a los demás, como miembros interdependientes de una comunidad educativa.
Recursos para Educadores:
El documental no solo es una visión concisa de la vida de Fred Rogers, sino que también puede servir como un recurso valioso para educadores:
Reflexiones sobre la Práctica: Ver el documental puede inspirar a los educadores a reflexionar sobre cómo se relacionan con sus estudiantes y el impacto que tienen en su bienestar emocional.
Actividades de Aula: Se pueden crear actividades basadas en las lecciones de Fred, como compartir historias sobre la empatía y la aceptación, fomentando el diálogo entre los estudiantes sobre sus propias experiencias emocionales.
Preguntas para el Diálogo:
¿Cómo puedes integrar las enseñanzas de Fred Rogers en tu práctica educativa diaria?
¿Qué experiencia significativa has tenido al usar un enfoque empático en tu aula?
¿Cómo puedes contribuir a construir una comunidad más solidaria y comprensiva entre tus estudiantes?
Cierre:
"Won't You Be My Neighbor?" no es solo un documental sobre un hombre; es un llamado a la acción para todos nosotros en el campo de la educación. Al aplicar sus principios de empatía, conexión y comunidad, podemos no solo educar a los estudiantes, sino también formar seres humanos plenos y conscientes. Te invitamos a ver el documental y considerar cómo puedes incorporar estos valiosos aprendizajes en tu propia práctica educativa.
El poder de las palabras positivas en el aula
Por Indra Alí Fuentes Hernández
Hay algo que como docentes muchas veces pasamos por alto, aunque lo tenemos al alcance todos los días: nuestras palabras. Y más específicamente, el uso de palabras positivas en la educación.
Como maestra, he aprendido que lo que decimos —y cómo lo decimos— puede marcar una gran diferencia en la forma en que nuestros estudiantes se sienten, aprenden y se relacionan con el conocimiento. Una sola frase puede motivar o desalentar, fortalecer la confianza o debilitarla. Por eso, las palabras positivas no son un adorno, son una herramienta pedagógica.
Cuando un niño escucha:
“Tú puedes lograrlo”
… algo cambia en su interior. Su autoestima se fortalece, su disposición para aprender aumenta y su seguridad para intentarlo, incluso si se equivoca, se vuelve más firme.
Las palabras positivas no significan ignorar las dificultades o evitar señalar lo que hay que mejorar. Significa hacerlo con empatía, con enfoque en el proceso, no solo en el resultado. Significa ver al niño no solo como un estudiante, sino como un ser humano en formación.
He comprobado que cuando una niña escucha que su esfuerzo vale más que su perfección, se atreve a participar más. Cuando un niño se siente reconocido por sus avances —aunque sean pequeños— se esfuerza por seguir creciendo. Las palabras positivas abren caminos, sanan heridas invisibles y siembran confianza.
En un mundo que muchas veces nos exige tanto, donde hay presión por resultados y comparaciones constantes, la escuela debe ser un lugar donde la palabra abrace, no que lastime. Y eso empieza con nosotros: los adultos que acompañamos el aprendizaje.
Así que hoy te invito a observar tus palabras. A usar más de esas que iluminan:
✨ “Te felicito por no rendirte”
✨ “Estoy orgullosa de ti”
✨ “Cada día aprendes algo nuevo”
✨ “Gracias por tu esfuerzo”
Porque más allá de los contenidos, los logros académicos o las calificaciones, lo que un niño nunca olvida es cómo lo hiciste sentir.
Pausas activas: pequeños movimientos, grandes beneficios
Por Indra Alí Fuentes Hernández
En medio de clases, tareas, libros y pizarrones, hay algo que a veces se nos olvida: el cuerpo también necesita aprender… ¡a moverse! Y es que sentarse por largos periodos de tiempo no es natural para los niños (ni para los adultos). Aquí es donde entran en acción las pausas activas: esos breves momentos de movimiento que transforman el ambiente del aula y recargan la energía de todos.
Una pausa activa puede durar entre 3 y 10 minutos, y basta con estirarse, bailar, saltar, respirar o jugar para notar un cambio positivo. Lejos de “interrumpir” la clase, estas pausas ayudan a que el aprendizaje fluya mejor.
¿Por qué son tan importantes?
- Mejoran la concentración: después de moverse, los estudiantes regresan con la mente más despejada y lista para seguir aprendiendo.
- Disminuyen el estrés y la ansiedad: mover el cuerpo libera tensiones y mejora el estado de ánimo.
- Fomentan el autocuidado: enseñar a los niños a escuchar su cuerpo y darle lo que necesita también es educar.
- Fortalecen la convivencia: una pausa activa es un espacio para reír, colaborar y sentirse parte del grupo.
- Mejoran la salud física: en un contexto donde el sedentarismo va en aumento, el movimiento diario es clave para prevenir problemas de salud.
En mi salón de clases, hemos integrado pausas activas como parte de la rutina diaria. A veces hacemos estiramientos con música, otras veces juegos de imitación o simplemente respiraciones profundas. El cambio es inmediato: los rostros se relajan, la atención mejora y el ambiente se vuelve más alegre.
🧠 Cuerpo en movimiento, mente despierta
Educar no solo es transmitir conocimientos, sino también cultivar el bienestar físico, emocional y mental de nuestros estudiantes. Las pausas activas nos recuerdan que el aprendizaje no ocurre solo con la mente, sino también desde el cuerpo.
🎥 Recurso recomendado
Este tipo de recursos son ideales para romper la rutina, sin necesidad de materiales ni preparación previa. Puedes usarlos al inicio de la jornada, entre clases o cuando notes que el grupo necesita recargar energía.
La música clásica en el aprendizaje
Autor:Citlali Gárate Espinosa
Hola, queridos compañeros comparto los siguientes videos espero les resulten tan interesantes como a mi.
Este video es corto:
https://www.youtube.com/watch?v=Q9juGpXOza8
Este video es largo, tómate tiempo para revisarlo, es extraordinariamente interesante:
https://www.youtube.com/watch?v=ACS65ZKqwhI&t=4065s
Desarrollo y bienestar emocional en la educación física a nivel primaria
Licenciado en Educación Física Israel Josafat Camarillo Ramírez
La educación física en la escuela primaria ha sido tradicionalmente valorada por su contribución al desarrollo físico de los niños. Sin embargo, en las últimas décadas ha cobrado relevancia su papel en el desarrollo integral del alumnado, particularmente en el ámbito emocional. La etapa primaria es fundamental en la formación de la personalidad, la autoestima y las habilidades sociales, y la educación física puede ser un espacio privilegiado para fomentar el bienestar emocional de forma activa y lúdica. Este artículo explora cómo la educación física puede contribuir al desarrollo emocional en niños de nivel primaria, considerando estrategias pedagógicas, beneficios psicoemocionales y el rol docente. Según Sánchez y Ortega (2019), la educación física es un espacio clave para la formación integral de los estudiantes.
El papel de las emociones en el desarrollo infantil
Durante la educación primaria, los niños atraviesan importantes cambios en su desarrollo cognitivo, afectivo y social. Aprenden a reconocer, expresar y regular sus emociones, a la vez que desarrollan vínculos con sus pares y figuras adultas significativas. En este contexto, el bienestar emocional no sólo es un derecho, sino también una condición clave para el aprendizaje. Las emociones positivas favorecen la atención, la memoria y la motivación, mientras que las negativas persistentes pueden obstaculizar el rendimiento escolar y la socialización. Como señala Bisquerra (2015), el desarrollo emocional en estas etapas influye directamente en el aprendizaje y la convivencia.
La educación física como medio para el desarrollo emocional
A diferencia de otras asignaturas, la educación física ofrece un entorno dinámico, interactivo y corporal donde las emociones se viven de forma directa. En cada juego, competencia o dinámica grupal, los alumnos experimentan emociones como alegría, frustración, entusiasmo o ansiedad. Esto convierte a la clase de educación física en un laboratorio emocional, donde los niños pueden aprender a gestionar sus emociones en un entorno seguro. De acuerdo con Hellison (2011), la educación física es ideal para fomentar valores y habilidades sociales mediante el movimiento.
Entre los principales aportes de la educación física al bienestar emocional se encuentran:
- Fortalecimiento de la autoestima y autoconfianza: Lograr metas motrices, superar desafíos y recibir reconocimiento fomenta la percepción positiva de uno mismo.
- Desarrollo de habilidades sociales: El trabajo en equipo, la cooperación y el respeto por las reglas promueven la empatía, la comunicación y la resolución de conflictos.
- Reducción del estrés y la ansiedad: La actividad física libera endorfinas y reduce el estrés, mejorando el estado de ánimo y favoreciendo la autorregulación emocional.
- Fomento de valores: El respeto, la inclusión, el esfuerzo y la tolerancia a la frustración son valores que se viven de manera práctica.
Estrategias docentes para potenciar el bienestar emocional
Para que la educación física contribuya verdaderamente al desarrollo emocional, el rol del docente es clave. No basta con proponer juegos o actividades deportivas, sino que es necesario diseñarlas intencionalmente para favorecer el desarrollo socioemocional. Tal como destaca Medina (2020), el docente debe actuar como mediador emocional y social del grupo.
Algunas estrategias eficaces incluyen:
- Diseñar actividades cooperativas en lugar de exclusivamente competitivas.
- Fomentar la reflexión emocional, preguntando cómo se sintieron al terminar un juego o cómo resolvieron un conflicto.
- Dar retroalimentación positiva, centrada en el esfuerzo más que en el rendimiento.
- Adaptar las actividades a las capacidades individuales, promoviendo la inclusión y evitando la frustración excesiva.
- Crear un clima emocional seguro, donde el error no se castigue, sino que se vea como parte del aprendizaje.
Referencias
Bisquerra, R. (2015). *Educación emocional: Propuestas para educadores y familias*. Desclée de Brouwer.
Hellison, D. (2011). *Teaching personal and social responsibility through physical activity*. Human Kinetics.
López, V., & Rodríguez, C. (2018). Educación emocional y aprendizaje significativo en la clase de educación física. *Revista Española de Educación Física y Deportes*, (420), 23-31.
Medina, J. (2020). El papel del docente en el desarrollo socioemocional del alumnado. *Revista Iberoamericana de Educación*, 83(2), 87-102.
Sánchez, L., & Ortega, E. (2019). Educación física y desarrollo integral en la infancia. *Pedagogía Actual*, 12(1), 45-53.


No somos seres completos, debe de existir una tolerancia a la frustración.
ResponderBorrarLos sentimientos de culpa tienen que ver con lo social y nunca debemos dejar fuera el entorno familiar.
El manejo de sentimientos a nivel grupal no es conveniente ya que para muchos estudiantes es complicado poder expresarse abiertamente pero si hacerlos conscientes de que todos tenemos emociones parecidas.
Gracias profe Juan Carlos Becerra Pérez por darme la oportunidad de expresarme.
Mta. Laura Guerrero
ResponderBorrarComentario para: Bienestar emocional en el aula de contabilidad: colaboración, empatía y aprendizaje desde lo humano
¡Estoy totalmente de acuerdo con la aportación! Siempre se es más productivo en un ambiente tranquilo, lleno de respeto y empatía. Es importante inculcar y mostrar valores a los jóvenes en cualquier ámbito. Me parece excelente maestra Elva Vivar que esté implementando dichos valores en el aula donde se respeten las opiniones de todo, esto no solo ayuda a que los chicos se desenvuelvan de mejor manera y se sientan en confianza con su grupo, sino que también ayuda a mejorar la escucha activa y sentirse bien con los acierto que los otros compañeros reconocen al retroalimentar de manera positiva.
ResponderBorrarLeer esta sección ha sido un recordatorio poderoso de algo que muchas veces pasamos por alto: cuidar nuestras emociones también es parte de nuestra labor como educadores. A veces olvidamos que el bienestar emocional no es un complemento, sino el punto de partida para cualquier aprendizaje significativo. Como estudiantes, docentes o simplemente como personas, es vital hacer conciencia de esta dimensión esencial en nuestra vida. Si le diéramos el cuidado constante que merece, muchos de nuestros malestares cotidianos —como la ansiedad, el agotamiento o la desmotivación— se reducirían notablemente.
He leído con atención algunos de los artículos publicados y me han ayudado a reflexionar sobre cuán importante es atender nuestras emociones con la misma seriedad con la que planificamos una clase o evaluamos un contenido. Pausas breves, espacios seguros para expresarnos, o simplemente preguntarnos cómo estamos, pueden hacer una diferencia enorme.
Por más carga laboral que tengamos, en esa misma medida necesitamos cuidar de nuestra salud emocional. No es tiempo perdido, es inversión en bienestar. Gracias por recordárnoslo y por ofrecernos herramientas valiosas para lograrlo.
¡Gracias a todos los colaboradores, por crear este espacio tan necesario!
Gracias por la invitación, Profa. Sonia Contreras Cruz.
Buenas tardes muchas gracias por compartir sobre un tema que es de suma importancia y que cada vez más nos esta siendo permeable en nuestras aulas y en nossotros mismos.
ResponderBorrarLes comparto algo que he aplicado en clase y ha sido una forma de sentirnos mejor.
La dinámica es cada uno escribir en el lado derecho de pizarrón como nos sentimos hoy y al terminar la clase escribir como nos vamos.
Es interesante porque muchos sacan el sentimiento de estrés, frustración, enojo con el que llegan y al retirarse se sienten más tranquilos y con un sentir de alegría.
Esto ha ayudado a estar con mayor comodidad dentro de clase y con entusiasmo.
Muchas Gracias a la Maestra Margarita Mena Zepeda por invitarme.
Lo que hace una taza de té:
ResponderBorrarLes comparto esta experiencia:
En un día de inicio de clases como siempre dando la bienvenida y observando sus caritas de sorpresa, de que hago aquí, etc. Se me ocurrió comentarle que si un día se sentían mal, no saber que hacer y que si consideraban que podría ayudarles con el solo hecho de escucharlos me podrían localizar y comentarme que les invitara una taza té con esas palabras les daba a entender que podrían hablar de lo que sentían y yo solo escuchar, efectivamente tuve la visita de algunos de mis alumnos comentando que si les invitaba una taza de té, fue el principio de darle confianza y si estaba en mis manos poder ayudarlos, poder canalizarlos con las personas especialistas en sus problemas. Me sentí mejor conmigo misma y así siguen en contacto los alumnos que algún día fueron en mis asignaturas. Siempre de cualquier manera es gratificante encontrarte alumnos en los pacillos y te saludan dándote las gracias, por la ayuda que se les pudo brindar.
Uno tiene que encontrar la manera de darles confianza para que puedan preguntar sus dudas conceptuales para seguir adelante en su vida académica y su vida personal.
Saludos!!
Hola, fui invitada a participar a este interesante blog por La Lic. Yazmín Chino Morales, con respecto a este tema considero que es indispensable para el desarrollo integral de una vida saludable considerar el tema de la salud mental, dado que el hecho de que en esta cultura que glorifica el trabajo parece ser que el darnos tiempo para auto cuidarnos está mal visto, descansar se considera para algunos como un privilegio, cuando en realidad debería de ser considerado una actividad indispensable para cuidar nuestra salud mental
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